Orden de Cristo

Fundada en 1319 Jesucristo

“In hoc signo vinces”

Origen de la Orden

El origen de la Orden de Cristo es inseparable del destino de los Templarios en Portugal. Cuando en 1307 el rey Felipe IV de Francia ordenó la detención masiva de los Templarios y el papa Clemente V exigió investigaciones en toda la Cristiandad, el rey Dionisio I de Portugal adoptó una postura radicalmente diferente a la del resto de Europa. En lugar de perseguir a los caballeros, el monarca portugués protegió a los Templarios y retrasó deliberadamente las investigaciones hasta 1309.

Dionisio I comprendía que los Templarios habían sido fundamentales para la construcción del reino. Desde 1128, cuando los primeros caballeros llegaron a Portugal, la Orden del Temple había participado en las batallas decisivas de la Reconquista, había recibido vastos dominios en el centro del país y había fundado ciudades como Tomar, Pombal y Castelo Branco. Sus castillos formaban una línea defensiva esencial a lo largo del río Tajo.

Tras la disolución formal de los Templarios por la bula Vox in Excelso (1312), Dionisio I inició negociaciones diplomáticas con la Santa Sede para preservar el patrimonio templario dentro del reino. El proceso fue largo y complejo, pero culminó el 14 de marzo de 1319, cuando el papa Juan XXII emitió la bula Ad Ea Ex Quibus, instituyendo la Orden de los Caballeros de Nuestro Señor Jesucristo.

El primer maestre fue Gil Martins, caballero de la Orden de Avis, nombrado por el propio rey. La nueva Orden recibió todos los bienes, castillos y privilegios que habían pertenecido a los Templarios en Portugal. Se adoptó la Regla de San Benito y las Constituciones de la Orden de Calatrava, pero con una diferencia crucial: los caballeros debían jurar obediencia al Rey de Portugal, no solo al Papa. Este voto real era completamente desconocido en la tradición templaria y reflejaba la determinación de Dionisio de mantener la Orden bajo control de la Corona.

La sede inicial se estableció en Castro Marim, villa fortificada en el extremo oriental del Algarve, estratégicamente situada frente a las costas del norte de África. Portugal fue, así, el primer país de Europa en instalar a los Templarios y el último en preservar sus restos bajo una nueva identidad.